Permanecía tumbado en la cama, a la espera de la visita del médico. No es que estuviera tan mal para permanecer postrado, pero pretendía dar ese efecto para justificar de forma visual mi incapacidad de poder acudir a su consulta.
Aquella mujer entró en mi habitación, pues se trataba de nada más y nada menos que la medico que en aquel momento estaba de guardia.
Calculé que aquella joven mujer tenía que tener aproximadamente mi edad, mientras me formulaba las típicas preguntas de rigor. Y mientras comprobaba mi estado de salud, me comenzó a tutear y comprendí que habíamos conectado rápidamente.