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martes, 30 de agosto de 2016

Tres son multitud

   –¡Madre, me voy al cine municipal con Asunción! –dijo Pelayo una vez arreglado. 
   –Pues haz el favor de llevarte a tu hermano, que tengo que ir a la peluquería a que me pongan los rulos y tu padre no llegará a casa hasta las diez –le exigió Dorotea sin esperar respuesta alguna. 
   Pelayo salió de su casa sujetándole la mano a su hermano y juntos caminaron hasta llegar al portal de Asunción; si no era la chica más guapa de la clase, sin duda era la más simpática. 
   Al salir del portal, Pelayo la descubrió radiante. Portaba unos zapatos de charol sobre unos calcetines blancos de encaje, una falda de color azul marino decorada con  coloridos estampados, un fino jersey a juego y una chaquetilla de punto blanca como la nieve. 
   El plan de besar a Asunción se sujetaba por un hilo que tal y como predijo Pelayo se cortó cuando el niño decidió sentarse entre ambos. A pesar de ello, cuando por fin se apagaron las luces y se puso en marcha el proyector, Pelayo extendió su brazo y logro depositarlo sobre el hombro de la muchacha con el fin de hacerle entender que nada ni nadie lograría interponerse entre
él y el amor de su vida.

                                                                                                    Por cortesía de: Fénix y Jordi Clavero

lunes, 26 de enero de 2015

Una Visita Agridulce

Permanecía tumbado en la cama, a la espera de la visita del médico. No es que estuviera tan mal para permanecer postrado, pero pretendía dar ese efecto para justificar de forma visual mi incapacidad de poder acudir a su consulta. 
Cuando sonó el timbre de la puerta, escuché a mi madre acudir a atender la llamada, al igual que otras tantas veces había acudido cuando yo caía enfermo. Al sentir abrirse la puerta, esperé oír la voz de un hombre al saludarle, pero no fue así. Era la voz de una mujer la que escuché, pero, para mi sorpresa, mi madre le hizo pasar igualmente al interior de la vivienda antes de cerrar la puerta. 

   Aquella mujer entró en mi habitación, pues se trataba de nada más y nada menos que la medico que en aquel momento estaba de guardia. 

   Calculé que aquella joven mujer tenía que tener aproximadamente mi edad, mientras me formulaba las típicas preguntas de rigor. Y mientras comprobaba mi estado de salud, me comenzó a tutear y comprendí que habíamos conectado rápidamente.